Saber reinventarse, el secreto de la ¿eterna? juventud

¿Hemos matado la televisión? Esta es la agresiva pregunta con la que los compañeros de Xataka han titulado un excelente informe sobre el estado de salud de la que sigue siendo la principal opción de entretenimiento, al menos en las sociedades occidentales. De entrada, un dato espectacular: entre 2002 y 2011 la audiencia cayó un 50%. A primera vista, este dato podría indicar que, efectivamente,  la televisión languidece. Sin embargo, hay que hacer dos matizaciones. En primer lugar, el dato se refiere a Estados Unidos y, en segundo término, se trata solamente del consumo llamado “lineal”, es decir, la forma tradicional y más pasiva de ver la televisión, supeditada a  las parrrillas de programación que ofrecen las cadenas. A esta forma clásica de consumo se deben sumar los nuevos modos de ver la tele: en diferido, mediante las diferentes opciones que ofrecen los operadores, y en streaming, a través de internet (con portátiles, tabletas, smartphones, etc.).

La referencia a datos procedentes de Estados Unidos es pertinente, porque ese país marca la pauta y anticipa escenarios que, al cabo de unos años, llegarán a Europa y a España. Pero, por lo pronto, la situación es bastante diferente a ambos lados del Atlántico. Según Xataka, en EE UU, la audiencia total de una serie televisiva tipo (presentan el caso de un capítulo de Scream Queens emitido por la cadena Fox el 21 de septiembre) se distribuye entre un 26% de expectadores que la ven a su hora de emisión, en lo que sería un consumo absolutamete tradicional (lineal), un 60% (proporción claramente mayoritaria) que ven el capítulo en diferido y un 14% que lo disfrutan a través de internet. En España, el ejemplo estudiado es el de un capítulo de El Ministerio del Tiempo, la exitosa serie de TVE, y el desglose de audiencia es bien diferente: en este caso, el consumo lineal es el abrumadoramente mayoritario, con un 89% de telespectadores que han visto el capítulo a su hora de emisión, frente a un 11% que han optado por el servicio A la carta, ofrecido a través de la web de RTVE.

En nuestro país, la agencia Kantar Media comenzó en febrero medir audiencias no lineales, es decir, el número de espectadores que ve los programas de televisión grabados o a través de servicios de consumo en diferido. Una de las conclusiones es que el 23% de los españoles se han apuntado ya a esta forma emergente de ver la tele. Quedaría por medir el consumo en streaming, es decir, el porcentaje de personas que consumen a través de internet los contenidos televisivos.

Para ello, una pista interesante nos la ofrece el Panel de Hogares de la Comisión Nacional del Mercado de las Telecomunicaciones (CNMC). Según encuesta llevada a cabo en el segundo trimestre de este año, la televisión tradicional sigue siendo, de largo, la forma de consumo audiovisual preferida por los españoles. El siguiente gráfico es muy ilustrativo al respecto:

Grafico CNMC panel hogares OK
Sin embargo, si nos fijamos en los jóvenes, vemos que el consumo de internet, medido en horas, es ya superior al de televisión en los tramos de edad entre 12 y 17 años, según muestra el siguiente gráfico:

Consumo TV Int OK
Por mucho que el consumo de internet sea mucho más amplio que el visionado de contenidos audiovisuales, no hay duda de que estos datos pueden indicar una tendencia de futuro. Sin embargo, la realidad presente indica, y seguimos con el Panel de Hogares de la CNMC, que solo el 34,7% de la población accede a contenidos audiovisuales online de forma más o menos habitual (al menos una vez por semana) y que, si nos referimos a servicios audiovisuales online de pago, el porcentaje cae hasta el 7,9% (Ya sabemos en que en España preferimos el gratis total y que el 87,94% de los contenidos culturales consumidos online en 2014 fueron ilegales, según el Observatorio de la piratería y hábitos de consumo de contenidos digitales).

Comenzamos este artículo citando el título de reportaje del Xataka y vamos a terminarlo igual que lo hacen ellos, dando un grito de “larga vida a la tele”. Porque lo que nos muestran los datos que hemos repasado es que la televisión está sabiendo evolucionar, reinventarse, y esa es la mejor garantía de que continuará con nosotros durante muchos años. Lo que hace falta es que tengamos claro que la diversidad de formas de disfrutar de ella es reflejo de la diversidad de nuestras sociedades, y que el consumidor debe tener la libertad de decidir qué forma de acceso prefiere. Por eso, sería un grave error privilegiar o condenar de antemano una forma de acceso sobre las demás. TDT, satélite, cable o internet son vías para disfrutar de la tele que compiten entre sí y que, al mismo tiempo, pueden ser complementarias. Es el consumidor quien debe poder elegir, pero esa libertad debe ser compatible con el derecho a un acceso universal y sin cuotas a servicios básicos de información y entretenimiento, tal como hoy es posible con la TDT. Si este derecho dejara de ser efectivo, correríamos el riesgo de excluir de la participación social a un segmento muy importante de la población. Y es que, aunque a veces no lo parezca, la tele es un asunto muy serio.

Disfrutad de ella del modo que prefiráis.

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