El debate sobre la radiodifusión, en clave internacional

antenaConsiderando el estado de indefinición en que continúa en España el espacio del que dispondrá la televisión radiodifundida (TDT) tras la liberación del dividendo digital, creemos que es interesante tomar en consideración algunos debates que tienen lugar en países que son referencia en desarrollo tecnológico y, por qué no decirlo, también en desarrollo social. Nos referimos en este caso a los Estados Unidos de Norteamérica y, concretamente, al estilo directo y valiente con el que el presidente de la National Association of Broadcasters (NAB) se dirigió hace pocos meses a su homólogo de la Federal Communications Commision (FCC), al hilo de la responsabilidad de este organismo en la promoción de la innovación y la inversión en la industria de la radiodifusión.

En un discurso con motivo de un acto del Media Institute, Gordon Smith, presidente de la NAB, dirigió una serie de mensajes muy claros a su homólogo de la FCC, Tom Wheeler, a modo de bienvenida al cargo. Smith hizo un balance muy crítico de la gestión del anterior responsable de la FCC, a quien acusó de no haber prestado a la radiodifusión una atención y apoyo acordes con la importancia que esta tecnología tiene en la vida real de los estadounidenses. Por contra, según Smith, el organismo regulador ha seguido en los últimos años una política claramente favorecedora de los intereses de la industria de las telecomunicaciones inalámbricas, mientras que la radiodifusión ha estado lastrada por lo que a su juicio es una “pesada herencia regulatoria” que desincentiva la inversión.

Creemos que, salvando las distancias, podríamos encontrar cierto paralelismo en el modo en que en España se ha favorecido el despliegue de los servicios de telecomunicaciones móviles, en tanto que la radiodifusión, después del despliegue de la TDT (que supuso una importante inversión pública), se encuentra ante la amenaza de quedar arrinconada, sin espacio suficiente en el espectro radioeléctrico para su desarrollo.

Pero volviendo al discurso de Gordon Smith, el presidente de la NAB puso de relieve que la industria de la radiodifusión y las televisiones locales en Estados Unidos representan anualmente un negocio de 1.170 millones de dólares. Pero, más allá de los números, hizo hincapié en que la televisión radiodifundida ha tenido y sigue teniendo un papel transformador en la vida de los ciudadanos estadounidenses. En España podríamos hacer de nuevo un paralelo, recordando el papel que la televisión ha jugado en la vertebración de la democracia de la que actualmente disfrutamos, así como de la consolidación del modelo territorial que constituye el Estado de las Autonomías. Y si queremos hablar de peso económico del sector, basta recordar que la industria ligada a la radiodifisión sostiene en nuestro país más de 40.000 empleos, con empresas que compiten por tecnología en el ámbito internacional.

Será difícil negar que, en Estados Unidos como en España, una televisión de acceso libre y sin cuotas es imprescindible para que la libertad de expresión y el diálogo democrático puedan ser auténticas realidades. Una democracia no puede ser real sin una comunidad de ciudadanos informados y, tanto en Estados Unidos como en Europa, es la televisión en abierto el medio que estos ciudadanos siguen eligiendo para informarse. Un reciente estudio de Offcom nos lo recuerda en el caso del Reino Unido, y la propia FCC lo ha acreditado también en los Estados Unidos. Esto es una realidad que se resiste al deslumbramiento que a veces producen Internet y las comunicaciones inalámbricas. Deslumbramiento que queda rápidamente matizado si se piensa en la escasa fiabilidad de la información que circula por Internet, o si se para uno a reflexionar un momento sobre hasta qué punto es fácil controlar cuáles son los contenidos que consumimos por este medio.

Smith se pregunta si este papel de la radiodifisión como plataforma para el ejercicio de la libertad de expresión y el debate democrático no es el mejor uso que se pueda dar a ese bien público limitado que es el espectro radioeléctrico. Creemos que esta es una pregunta que también es pertinente para España en el momento actual.

Otra cuestión a la que se refiere el presidente de la NAB es la mayor fiabilidad intrínseca de la radiodifusión frente a las telecomunicaciones inalámbricas, debida a que la arquitectura de red de uno a muchos en que se basa aquella es sin duda la mejor para la entrega de vídeo, siendo esta una cuestión técnica a salvo de decisiones administrativas. Esta robustez de la radiodifusión queda patente en situaciones de catástrofe natural, cuando los teléfonos móviles rara vez son una opción fiable de comunicación.

La conclusión de Smith, que en buena medida compartimos, es que las telecomunicaciones inalámbricas de banda ancha (3G, 4G, etc.) y la radiodifusión (TDT), lejos de verse como tecnologías rivales, deben ser entendidas como recursos complementarios y, por tanto, “socios naturales”. Debemos por tanto esperar de los legisladores que respeten el principio de neutralidad tecnológica y permitan que ambas continúen su desarrollo. En España, la gestión del dividendo digital es una buena ocasión para que el Gobierno demuestre su compromiso con ese principio.

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